Giant
Octubre 3, 2008
Hablando de libros que merecen la hoguera, y como para recordar eso de que no hay ninguno tan malo del que no se aprenda nada… Hace ya unos cuantos años, doce quizás, leí ese engendro titulado Historias del Kronen para agradar a una novia prospectiva que me lo había prestado. No sé cómo se aplica el aforismo de Gracián a las cosas malas y breves, pero baste decir que la novelita no da para más de una tarde, que fue lo que empleé yo en leerla. Me resultó molesta, casi ofensiva, tanto más porque por entonces yo aún tenía alguna ínfula literaria. Pero en una de las primeras páginas y, si no recuerdo mal, también al final, aparecía la letra entera de una canción que no había escuchado nunca, “Giant”, por un grupo que no conocía, The The. No pasó mucho tiempo antes de que, por curiosidad, me comprase el disco -era de los de 1300 pesetas, cuando la gente todavía se compraba discos y existía Madrid Rock. Soul Mining es una joyita de los ochenta, redonda y llena de coherencia interna, que crece en matices cuando se escucha ya como treintañero y las letras no reflejan una inquietud esperada o temida sino real (“I’m just a symptom of the moral decay / that’s gnawing at the heart of the country”). Su autor, Matt Johnson, un tipo raro que acostumbra a dar la tabarra más de lo natural con la militancia política, se oculta desde hace veintitantos años bajo el nombre de The The, lo que probablemente le ha privado de un público más amplio en la era de los buscadores de internet. Ha colaborado con gente como Johnny Marr, Sinéad O’Connor, Neneh Cherry y Tom Waits, y tuvo algún éxito en las listas, pero nunca ha producido nada tan perfecto como Soul Mining. Por cierto que “Perfect”, un himno de cínico optimismo que cerraba la edición del disco que yo me compré, ha desaparecido de las remasterizaciones.
En cuanto a “Giant”, la canción es tan buena que se le perdona todo, hasta una cierta deriva final hacia la monserga africana, y tiene el mejor estribillo -por llamarlo de alguna manera- de los ochenta:
P.S.- Gracias a Wikiquote, ya lo sé: “…y aún lo malo, si breve, no tan malo”.
The snow is falling
Julio 15, 2008
Y no saben uds. cómo.
Leif Erikson
Marzo 29, 2008
Leif Erikson, hijo de Erik el Rojo, proscrito o waldganger que marchó a Groenlandia, puede haber sido el primer europeo en pisar suelo americano. Pero esto no tiene nada que ver:
Cosas pasadas de moda: El rock progresivo
Marzo 11, 2008

El rock progresivo había pasado de moda mucho antes de que a alguien se le ocurriera el término “gafapasta”; aunque en nuestro país, como en Italia, gozó de un auge tardío, sección “nacionalidades históricas”, por aquello del atraso secular, y porque los últimos hippies, como los neanderthales, se refugiaron en la Península Ibérica cuando ya se habían extinguido en otras latitudes. Al fin y al cabo, el punk nació básicamente como reacción contra el gusto que había encumbrado a grupos como Pink Floyd (en su encarnación post-Barrett), Genesis y los insufribles Yes -y no contra Margaret Thatcher, como repite tanto indocumentado. Pero ha sido quizás la invasión de lo modelno la que ha relegado definitivamente lo que aquí se llamó rock sinfónico a la categoría de las cosas que se recuerdan con embarazo indisimulado. No hace mucho pude leer cómo un gilipollas que toca en un grupito con nombre de juez de la Audiencia Nacional la emprendía contra el “percusionista de Pink Floyd”. Bueno, también la emprendía contra Aznar, supongo que va en el papel -y que conste que a mí también me cae gordo el percusionista de Pink Floyd, pero tú mucho peor, tonto del culo. Desde luego, la seriedad con que -en general, injustificadamente, hay que reconocerlo- se tomaban a sí mismos los cultivadores del rock progresivo está en los antípodas del cinismo postmoderno que se gasta, o cree gastarse, la parroquia gafapastil, y no es menos cierto que no hay cristo que aguante un disco doble de canciones de doce minutos con imaginería a medio camino entre Tolkien y los Teletubbies.
Con todo, el rock progresivo produjo canciones apreciables y discos interesantes, si no muy entretenidos. Ahí están, sobresaliendo entre el resto de bandas del movimiento, King Crimson. Y los arreglos de inspiración progresiva tuvieron su momento en los estudios de producción. El lector curioso puede comparar Islands de los citados Crimson -aquí, por ejemplo, “Sailor’s Tale“- y la archiconocida Mediterráneo de Serrat -que exhiben además alguna curiosa coincidencia temática-, o Leyenda del tiempo de Camarón. Yo les dejo con una interpretación por Genesis de “The musical box”, rescatada de la televisión belga. Para horror de la secta tonti-cool, dura más de nueve minutos y cuenta -es un decir- una historia no se sabe si dadá o gagá sobre homicidios en partidos de croquet, cajas de música con aparición fantasmal incluida y el Old King Cole. Pero da gusto ver a Phil Collins con flequillo y limitándose a cantar los coros y aporrear la batería. ¡Qué tiempos!